En el videíto que encabeza esta nota se reflejan algunos de los rasgos de esta época violenta y rara -¿cuál no lo fue?- en la que vivimos y, al mismo tiempo, una constante en la historia de la humanidad. Los protagonistas son Donald Trump y Stephen Colbert. Uno es el presidente de los Estados Unidos y el otro es uno de los más queridos y populares conductores de late night shows. Allí se ve cómo Trump arroja a Colbert a un tacho de basura y celebra su hazaña con uno de sus típicos bailecitos. La escena es tan realista que, hace un par de años, nadie hubiera dudado de que eso existió. Ahora, casi nadie va a dudar de que eso que los sentidos ven no ocurrió. O sea, que es falso, mentiroso, fake.
Efectivamente, nunca ocurrió que Trump agarrara de las pestañas a Colbert y lo arrojara a un tacho de basura, al menos en sentido literal. Pero las herramientas de la inteligencia artificial permiten crear de la nada -sin actores, imitadores ni cámaras, como lo hacía el cine- una escena que no sucedió, y lo hace de manera increíblemente realista. Aunque lo hayamos naturalizado de tanto que se utiliza el recurso, basta retroceder la vida un par de años para darnos cuenta lo novedoso, peligroso, revolucionario e inquietante que resulta este avance tecnológico, ya cómodamente instalado entre nosotros.
De hecho, en estos mismos días, los principales actores argentinos difundieron un mensaje para advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial, uno de los fundadores de Google fue abucheado por los graduados de una universidad cuando se refirió a esa tecnología y el Papa emitió una encíclica en la que expresa su preocupación por la falta de regulaciones en el área.
Hay una segunda marca de época en ese video, que se suma a la posibilidad de crear en segundos una imagen hiperrealista sobre un hecho falso: la aparición de líderes que perdieron cualquier límite moral. No es tema de esta entrega pero cualquier persona informada sabe que Trump ha utilizado su presidencia para multiplicar su patrimonio, ha intentado un golpe de Estado, ha reivindicado a figuras directamente implicadas en el caso Epstein, ha deportado cientos de miles de personas que no hicieron nada malo y ha ordenado bombardeos sobre civiles, entre otras delicias. Comparado con todo eso, el videíto parece un chiste menor, pero en la esencia de su contenido no lo es.
En principio, hay que saber que él mismo lo posteó. Y en él aparece uno de los hombres más poderosos del planeta –él mismo—arrojando a un tacho de basura a un artista que lo cuestiona. La gente que defiende a Trump sostiene que lo hace en defensa de los valores de Occidente. Curioso porque los valores de Occidente básicamente representan una rebeldía contra las tiranías, la violación a los derechos humanos y el poder absoluto. Occidente, por decirlo de manera genérica, es el territorio donde florecieron el feminismo, la libertad sexual, los derechos de los trabajadores, la igualdad de las minorías raciales, los sindicatos, la libertad de expresión y la ironía frente al poder: todo eso que la derecha trumpista desprecia y que se puede ver en ese videíto que el presidente ha posteado.
La historia a la que se refiere el video es conocida. Como Trump odia a Colbert se propuso sacarlo del aire y lo logró. ¿Cómo lo hizo? Resulta que CBS, la cadena que emitía el show, había cerrado un acuerdo para fusionarse con Paramount. Pero necesitaba la autorización del gobierno norteamericano. La ejecución de Colbert fue una de las monedas de cambio para que eso ocurriera. He aquí otro de los rasgos de esta época. Los tiranos solo pueden cumplir sus deseos si cuentan con la complicidad de la sociedad civil. En otros tiempos, la mítica editora del Washington Post, Katharine Graham, resistió todas las presiones del poder para mantener la investigación del Watergate. Aquí, en cambio, los ejecutivos de la CBS se arrodillaron.
En su despedida, que fue conmovedora, Colbert inició su monólogo diciendo algo hermoso: “En la primera edición, hace once años, les dije que mucha gente cuenta las noticias y que yo iba a sentirlas (feel the news)”. En esta misma entrega de Etcétera ustedes podrán ver cómo, de verdad, las sintió. Además, agregamos un video donde Jane Fonda lo define, un pequeño-muy pequeño- recorrido por algunas de las ironías que Colbert le dedicó a Trump y una entrevista donde Colbert dice: “Soy solo un payaso. No veo por qué el Presidente se ocupa tanto de mí. Les digo algo: este muchacho debería elegir mejor sus enemigos”. Es una advertencia que bien podría ser dirigida a otros líderes, entre ellos, obviamente, Javier Milei.
Si quieren más de Colbert, es fácil encontrarlo por ahí.
Ojalá lo disfruten.
Hasta la próxima.
